LA NOCIÓN DE VERDAD EN LOS MODELOS DE EXPLICACIÓN CIENTÍFICA

LA NOCIÓN DE VERDAD EN LOS MODELOS DE EXPLICACIÓN CIENTÍFICA

Curso: Teorías de la verdad

Autor: Carlo Del Razo Canuto

Maestría en Historia y Filosofía de la Ciencia

A la memoria de Kristian Bernal Moreno

1. Introducción

En este trabajo me propongo explicitar la relación que hay entre los modelos de explicación científica y la noción de verdad. En particular, analizaré tres de los modelos más importantes dentro de la filosofía de la ciencia: veremos que en cada uno de estos se asume más de una teoría de la verdad. En la primera parte caracterizaré tres de las teorías sobre la verdad más discutidas durante el siglo pasado, esto es, la teoría de la verdad como coherencia, la teoría de la verdad por correspondencia, y finalmente la teoría pragmática de la verdad. En la segunda parte describiré lo más representativo de los modelos de explicación Nomológico-Deductivo, por unificación y la inferencia a la mejor explicación, y evaluaré a que tipo de verdad hacen referencia para sostenerse como modelos.

Antes de continuar quiero enfatizar el motivo que me lleva a hacer este análisis. Para la filosofía de la ciencia es importante que todo conocimiento tenga una justificación que nos haga pensar que nuestras creencias son verdaderas. La epistemología ha enfatizado en que uno de los ideales que debemos buscar es que nuestras creencias sean verdaderas y no falsas. ¿Pero qué es esto que llaman creencias verdaderas? Los racionalistas como Descartes describían este ideal haciendo uso de argumentos matemáticos cuya prueba podría demostrar la verdad de todas las creencias que necesitamos saber. Por otra parte, los empiristas como Hume sostuvieron el ideal en el cual la evidencia de nuestras sensaciones podría darnos un sustento adecuado para decir que nuestras creencias sobre el mundo son verdaderas. Ambas posturas son razonables en el sentido de que nuestras maneras y formas en que adquirimos nuestras creencias son de cierta forma susceptibles de ser organizadas por los sentidos y por nuestra razón. La explicación científica trae consigo muchas de las preocupaciones de ambos ideales, que en ocasiones no son explicitas, pero se asume que lo que se quiere explicar tienen una relación con la verdad.

2. Teoría de la verdad coherentista.

Adam Morton (2003, pp. 14) menciona que un ideal epistémico asociado a la noción de verdad es el de la coherencia. La coherencia sostiene que hay proposiciones que no sólo tienen sentido individualmente, sino que se mantienen unidas en un patrón coherente. No todas creencias pueden ser verdaderas ya existen muchos sistemas de creencias, por ejemplo, la gente con fe religiosa algunas veces trata de encontrar razones para creer en Dios, y otra gente trata de encontrar razones sobre por qué es irracional el creer en Dios. Sin embargo, la teoría del conocimiento trata de dar razones que puedan involucrar a ambos sistemas tratando de descubrir mejores maneras de adquirir creencias y en criticar las creencias que la gente ya tiene. El ideal epistémico que sostiene este argumento es que los patrones coherentes de nuestras creencias son mejores que los incoherentes por la razón de que estos últimos contienen creencias falsas. Sin embargo, una teoría que haga uso de la coherencia como verdad no atiende a decirnos en que condiciones las proposiciones son verdaderas, lo que nos dice es que una justificación que la hace consistente es el hecho de que la proposición tiene carácter deductivo, por lo tanto, la prueba será categóricamente verdadera. Por ejemplo:

S es M,                           Enoch y Elías eran hombres
M es P;_____             todos los hombres mueren___________
luego S es P                luego Enoch y Elías deben haber muerto

Hay muchas objeciones. En primer lugar, si consideramos a la teoría de ésta forma, dice Dancy, podemos decir que es inconsistente por el hecho de que independientemente de cuánto ajustemos el análisis de la coherencia, tenemos que admitir que siempre hay más de un conjunto de proposiciones coherentes: nada en la noción de coherencia, tal y como está definida, nos da derecho alguno a decir que hay un único conjunto de máxima coherencia… de modo que la verdad no se pude definir sólo en estos términos (Dancy, 1985. pp.135). De hecho, en un patrón coherente no podemos falsear uno de los enunciados. Este problema está relacionado directamente con la tesis Duhem–Quine sobre el holismo y la indeterminación. Digamos que la tesis holista se aplica a una hipótesis particular que no puede ser refutada mediante la observación y el experimento cuando es considerada en aislamiento, sólo cuando forma parte de un grupo teórico de proposiciones. Por ejemplo, cuando una teoría física es probada por un experimento, no es esa teoría sola, sino una larga colección de teorías, hipótesis auxiliares, y suposiciones que son puestas para la prueba. Supongamos que la teoría que está siendo probada es T, que las hipótesis auxiliares y las suposiciones son A1, A2,…, An, y la predicción de prueba sea O1. Duhem está afirmando que T sola no producirá la predicción O1; para deducir O1 no sólo se requiere de T, sino también de A1, A2,…, An. Esquemáticamente, la tesis holista de Duhem es:

          D1      ~ (T  à  O1),  y

         D2      (T & A1, & A2 &… & An)   à  O1.

De (D1) y (D2) lo que queda es un paso corto a la afirmación central de Duhem sobre la ambigüedad de la falsación. Supón que realizamos un experimento y encontramos que O1 es falsa. En otras palabras, descubrimos ese ~ O1, debido a que T sola no vincula a O1, no podemos concluir que T es falsa. Todo lo que sigue, lógicamente, es que al menos una de T, A1, A2,…, An, es falsa, y la lógica por sí sola no nos dirá en quién descargar la culpa. Esquemáticamente, la tesis mínima de Duhem sobre la ambigüedad de la falsificación es:

         D3      ~ (~ O1  à  ~ T), y 

         D4      ~ O1  à  ~ (T & A1 & A2 &… & An). 

La tesis de Quine desea criticar la analiticidad y el reduccionismo. La analiticidad que comúnmente lleva el título más largo sobre la distinción analítica-sintética, es la doctrina que sostiene que algunas afirmaciones (las analíticas) son verdaderas (o falsas) sólo en virtud de los significados de sus términos constituyentes y completamente independientes de los temas empíricos del hecho. Las proposiciones que no son analíticas son consideradas como sintéticas. A diferencia de las analíticas, las afirmaciones sintéticas son verdaderas, a menos que se especifique otra cosa. El reduccionismo es la doctrina, popular entre los positivistas lógicos como Rudolf Carnap, que afirma que cada proposición significativa y sintética es lógicamente equivalente a una oración que sólo contiene términos experimentales (u observacionales) en conjunto con los conectivos lógicos (como y, o, y sientonces…). Quine afirma que, en lo profundo, los dos dogmas son idénticos. Primero, nota que el subscribirse a la teoría de la verificación del significado vincula creer que cada afirmación sintética (empírica) es equivalente en significado a un grupo de afirmaciones de la observación. Incluso los empiristas que se han dado por vencidos con la teoría de la verificación del significado con frecuencia adopta una postura de la confirmación de acuerdo con la cual cada afirmación sintética es asociada de manera única con un grupo de afirmaciones de la observación que pueden confirmarla o des confirmarla. En cualquier caso, Quine considera como un reduccionismo de closet depositar una clase limitada de afirmaciones verdaderas –las analíticas– que no tienen un significado empírico, que son confirmadas, en un patrón coherente sin importar cómo sea el mundo. Debido a que estas afirmaciones carecen de un componente factual, es tentador concluir que su verdad depende completamente de su componente lingüístico, sobre los significados de sus palabras constitutivas. En resumen, Quine piensa que el reduccionismo lleva a la distinción analítica-sintética porque esto tienta a uno en postular la existencia de una clase especial de oraciones, las analíticas, cuyo componente factual es la nada.

3. La teoría de la verdad como correspondencia

La idea básica de la teoría de correspondencia es que creemos o decimos que algo es verdadero si esto corresponde al modo en que las cosas son en realidad. G. E. Moore y Bertrand Russell sostuvieron una versión de la teoría de la verdad por identidad. Según esta teoría una proposición verdadera es verdadera si es idéntica a un hecho. Toda teoría comienza con proposiciones entendidas como los objetos de creencia y otras actitudes lógicas. Las proposiciones son lo que es creído y da el contenido de creencia y son también las portadoras primarias de verdad. Cuando una proposición es verdadera, esto es que es idéntico a un hecho, la creencia en esa proposición es correcta. Moore y Russell apoyaron idea de la verdad como una propiedad de las proposiciones. Sin embargo, una objeción es que la propiedad de la verdad es una propiedad simple que no se puede analizar por que es asimétrica, es decir, los hechos son entendidos simplemente como aquellas proposiciones que son verdaderas. Pero sabemos que hay proposiciones verdaderas y falsas, y los hechos solamente son proposiciones verdaderas. Por lo tanto, no hay así ninguna “diferencia entre la verdad y la realidad a la cual se supone corresponder” (Moore, 1902, p. 21). Moore y Russell rechazaron la teoría de identidad de la verdad a favor de una teoría por correspondencia y rechazaron la existencia de proposiciones. ¿Por qué?  El motivo fue dudaron que pudiera haber cualquier cosa como proposiciones falsas, y por lo tanto, concluyeron que no hay tales cosas como proposiciones en absoluto. El problema es el siguiente, la identificación de hechos con proposiciones verdaderas son incapaces de distinguirse de una proposición falsa ya que ésta podría ser similar a un hecho. Si las proposiciones existieran de acuerdo a lo anterior, entonces tendríamos cosas parecidas al mundo indistinguibles de proposiciones falsas. Por lo tanto, no hay posibilidad de la existencia de proposiciones falsas.

Por lo tanto, la teoría de la verdad como correspondencia que siguieron tiene el lema siguiente:

    Una creencia es verdadera si y sólo si esto corresponde a un hecho.

Para entender tal teoría tenemos que explicar la relación crucial entre la noción de  correspondencia así como la noción de un hecho al cual una creencia verdadera corresponde. La teoría de la verdad como correspondencia tiene como tesis ontológica que una creencia es verdadera si existe un hecho al cual corresponde, si no lo hay, la creencia es falsa. Un hecho es una entidad compuesta de detalles, propiedades y de relaciones: “hechos es un lugar común” (1956, p. 182) Considera la creencia de que los gases se dilatan con el calor o que la historia moderna se define por la lucha de clases. La verdad de estas creencias -de acuerdo a la teoría correspondentista- es que son hechos del mundo, son cosas que existen.

4. Teoría pragmática de la verdad

A diferencia de las dos teorías anteriores, Charles S. Peirce sostiene el lema de que la verdad es satisfactoria para nuestras creencias. La posición pragmática afirma que la verdad tiene un valor que garantiza que nuestros estados de duda pueden ser equilibrados por medio de la experiencia subsecuente. La propuesta de Peirce, a los ojos de S. Haack (1976), sostiene que la afirmación implica la idea de que la verdad es una especie de correspondencia en la medida de que el método científico hace preguntas del mundo independiente. Peirce, por ejemplo, no rechaza una teoría de correspondencia rotundamente; más bien se queja que esta proporciona simplemente una definición nominal o transcendental de verdad que es sesgada respecto a los asuntos prácticos de experiencia, creencia, y la duda (C.P. 5.416).

Existe una diferencia entre lo que es una duda y lo que es una creencia estable o verdadera. Peirce distingue tres diferencias esenciales. La primera es que hay una desemejanza entre la sensación de creer y la de dudar; la segunda es la diferencia práctica que guía nuestros deseos y acciones, en donde la creencia es un sentimiento más o menos seguro de que hemos fijado un hábito que determinará nuestras acciones, y que la duda nunca tiene este efecto; y finalmente, la duda es un estado de inquietud e insatisfacción del que queremos liberarnos para pasar a un estado de creencia estable. Ambos estados son indispensables en la investigación científica ya que la creencia fija nuestra manera de actuar en torno a la resolución de un problema, y la duda genuina nos estimula a eliminar cualquier incertidumbre que plantee un problema. De esta forma se establece una lucha entre la duda y la creencia, por lo cual el objetivo es establecer un estado de creencia probablemente verdadero. Hay que resaltar que para Peirce, la duda se refiere a una vacilación anticipada de lo que se hará en adelante, se trata de un estado imaginado de las cosas. Tal sería el caso de la ciencia, las teorías se construyen por medio de los descubrimientos y se basan en la mayor variedad posible de consideraciones, así como consideraciones abiertas a modificaciones que no pueden preverse, a no ser que imaginemos como actuaremos bajo éstas las circunstancias de duda.

El pragmatismo se ubica entre las dos teorías anteriores ya que hace uso de un método que nos sirve para dilucidar el significado de palabras concretas y conceptos abstractos (C.P. 5.464), principalmente aquellos conceptos o argumentos cuya estructura conciernen a hechos objetivos: este método tiene como objetivo clarificar y hacer aprehensible el sentido y significado de aquellas consecuencias cuyos hechos son verdaderos. Por lo tanto, la concepción total del objeto implica la adopción de una teoría sobre el significado que involucre consecuencias prácticas reflejadas en la forma de la conducta recomendada, o bien, en la forma de experiencias que cabe esperar, si estas son verdaderas.

5. Modelo Nomológico-Deductivo

Carl G. Hempel y Paul Oppenheim (1948) sostuvieron que un modelo de explicación debería dar cuenta de los fenómenos en el mundo de nuestra experiencia con la finalidad de contestar la pregunta ¿por qué? Esta preocupación estuvo vinculada al hecho de que las explicaciones científicas buscan dar respuestas satisfactorias en torno a los fenómenos de la experiencia. Las explicaciones tienen la estructura lógica de un argumento deductivo. La conclusión de esta debería estar establecida por el fenómeno que ocurre en la realidad, y las premisas nos asegurarían que lo que se dice en ellas es verdadero, de tal modo que la conclusión sea verdadera. Esto quiere decir que las condiciones de la estructura del modelo N-D tiene tres propiedades: a) que las premisas deben llevar a la conclusión, es decir, se trata de un argumento deductivo; b) todas las premisas deben ser verdaderas y; c) las premisas deben tener por lo menos un enunciado tipo ley.

Todos los metales conducen electricidad

Esto es un metal

_____________________________________

Por lo tanto, este metal conduce la electricidad

Este modelo de explicación es el que nos aseguraría que los fenómenos explicados son verdaderos por la sencilla razón de que uno de los explanans contiene una ley natural que puede ser conocida. El problema es que no podemos asegurar que el explanans que contiene una ley general cubre todos los casos.

La relación del Modelo N-D con las teorías de la verdad vincula dos nociones diferentes. Primero, en la estructura lógica del modelo N-D vincula la idea de coherencia relacionada a la verdad. Por ejemplo, piensa en que, si postulamos que todos los metales se dilatan con el simple hecho de ser calentados y en mis manos tengo un metal al cual estoy apunto de meter a un horno, sería incoherente concluir que este metal no se va a dilatar. Parece ser algo obvio pero no lo es. Una explicación es la respuesta a una pregunta Q de la forma: ¿Por qué Pk? Donde Pk enuncia el hecho a ser explicado –i.e., el explanandum. Cualquier pregunta así, puede ser identificada como una ordenanza triple {Pk, X, R}, en donde Pk es llamada “el tema” de la pregunta, X = {P1,…, Pk,…} es su clase contrastante, y R es su relación de relevancia. Una pregunta así es expuesta en un contexto que incluye un cuerpo de conocimiento de antecedentes K. Q también tiene una presuposición, es decir

(a)  Pk es verdadera;

(b)  Cada Pj en X es falsa, si j ¹ k;

(c)  Hay al menos una proposición verdadera A, que mantiene relación R con {Pk, X}

Para Kitcher y Salmon (1987) (a) y (b) juntas constituyen la presuposición central de Q. La pregunta Q sobre el porqué, aparece en el contexto dado si K vincula la presuposición central de Q, y no vincula la falsedad de (c). Es decir, es apropiado en conjunto el erigir Q incluso si no sabemos si hay o no una respuesta directa

El modelo N-D también vincula la noción de verdad por correspondencia. En su Studies in the Logic of Explanation, Hempel y Oppenheim mencionan que:

Un termómetro del mercurio se sumerge rápidamente en el agua caliente; allí ocurre que una gota de mercurio dentro del tubo de la columna se sigue por un levantamiento veloz. ¿Cómo debería este fenómeno ser explicado? El aumento en la temperatura afecta sólo al tubo del vidrio del termómetro al principio; se extiende y así mantiene un espacio más grande. En cuanto a la conducción de calor, el incremento en la temperatura del mercurio se extiende, y como su coeficiente de expansión es considerablemente más grande que la del vidrio, un levantamiento en el nivel del mercurio es el resultado.

Este ejemplo es claramente una noción de correspondencia, de hecho, todos los ejemplos que mencionan son enunciados que corresponden al hecho.

Finalmente, hay una noción de verdad pragmática en el modelo no oficial N-D. Hempel señala que lo que se propone una explicación científica, en especial la explicación teórica, no es un tipo intuitivo y altamente subjetivo de entendimiento, sino un tipo de objetivo de explicación que es logrado mediante una unificación sistemática que exhibe los fenómenos como manifestaciones de estructuras y procesos comunes y latentes que conforman los principios básicos, específicos y probables del modelo N-D. Peter Achinstein supone que el modelo N-D es un par ordenado que consiste en una proposición y en un tipo-acto. La relevancia de los argumentos para la explicación reside en el hecho de que lo que hace a un par ordenado (p, explicando q) una explicación, es que una oración expresando p conlleva a la relación apropiada de un argumento particular. Achinstein muestra cómo es que la idea central del modelo de la ley de cobertura puede ser vista de esta manera pragmática. También Bas van Frassen parece concluir que la idea del poder explicativo como una virtud especial de las teorías, como pretendía el modelo N-D, es un mito. Aceptamos las teorías científicas en la base de su adecuación empírica y simplicidad, y al hacer eso, nos enfocamos en utilizar los argumentos suministrados por estas para dar explicaciones. Esta actividad de aplicar argumentos científicos en la explicación concuerda con las condiciones “pragmáticas”. Incluso las posturas sobre estos factores extra-científicos son revisados a la luz de nuestra aceptación de nuevas teorías: “…la ciencia encausa nuestra imaginación para buscar esos juicios primordiales de lo que satisface y elimina el asombro” (van Frassen 1977, p.150, Citado en Friedman 1974), Por eso no hay condiciones independientes del contexto, más allá de aquellas con simplicidad y adecuación empírica con la cual distinguimos los argumentos en la explicación.

6. Modelo de explicación por unificación

Esta línea de pensamiento se remonta cuando menos a William Whewell (1794–1866; ver Whewell 1858). Los exponentes de este modelo para la explicación son Michael Friedman (1974) y a Philip Kitcher (1981). Aunque ambos difieren, la idea general de un modelo de unificación para la explicación es el siguiente: Una explicación científica debería buscar incrementar nuestro entendimiento sobre el mundo al reducir el número total de fenómenos independientes. Una manera en la que esto podría  lograrse es mediante un gran número de explicaciones de fenómenos independientes a través de un pequeño número de leyes. En esta perspectiva, las leyes de la mecánica newtoniana son explicativas porque nos permiten derivar el hecho de que los planetas obedecen a las leyes de Kepler y que los objetos cayendo cerca de la Tierra obedecen a las leyes de Galileo; las leyes de Newton nos permiten derivar el comportamiento de los gases; nos permiten derivar el movimiento de los océanos y de las mareas. Las leyes de la mecánica newtoniana unifican a una gran cantidad de fenómenos separados y anteriormente tratados como independientes (Bishop, 2007)

Otra forma de la unificación podría ser que la ciencia proporciona un vasto almacén de patrones de argumentos explicativos. La idea aquí es que un grupo relativamente pequeño de estos patrones son sacados a la luz para los propósitos de una amplia variedad de fenómenos, por lo que una teoría unifica nuestras creencias sobre un rango de fenómenos cuando proporciona el número más pequeño de patrones de argumentos generales que pueden ser usados en la derivación del número más grande de creencias que aceptamos. Como un ejemplo, considera la teoría de la evolución. Darwin ofreció un patrón de argumentos generales que podían unificar potencialmente una variedad de fenómenos biológicos. El patrón es iniciado por una derivación rigurosa y completa de algún rasgo en una especie en particular. La derivación haría un uso crucial del principio de selección natural así como de descripciones de formas ancestrales y de la naturaleza de su entorno. Básicamente, el patrón del argumento mostraría cómo es que un rasgo en particular podría ser ventajoso en una especie en particular, y así explicar el surgimiento del rasgo.

Podemos observar que hay un reconocimiento de que las leyes son cosas mediante las cuales se rigen los hechos. Estos hechos corresponden a las proposiciones de las teorías independientes, las cuales, bajo el modelo de unificación deberían ser unidas por leyes generales que las gobiernan a todas. Aquí hay una idea relacionada con la teoría de la verdad coherentista, y a su vez una noción correspondentista. Por un lado, Friedman y Kitcher sostienen que las leyes son verdaderas en el ejemplo de Newton al sostener que son enunciados que corresponden al mundo, y por consiguiente, son verdaderos; por otra parte, los criterios de unificación están dados por la consistencia de los enunciados que se subsumen a la siguiente explicación:

Primero que nada, propondré que podemos representar lo que he estado llamando phenomena –i.e., uniformidades o patrones de comportamiento generales- por medio de leyes tipo enunciados; y que en lugar de hablar del número total de fenómenos independientes, podemos hablar del número total de leyes tipo enunciados (lógicamente) independientes. En segundo lugar, debido a que lo que es reducido es el número total del phenomena que tenemos que aceptar, supongo que en algún momento hay un grupo de K de enunciados tipo ley aceptados, un grupo de leyes aceptadas por la comunidad científica. Inclusive, supondré que el grupo K está deductivamente cerrado en el sentido siguiente: si S es un enunciado tipo ley, y K |- S, entonces S es un miembro de K; i.e., K contiene todas las consecuencias tipo ley de los miembros de K. Ahora nuestro problema es decir cuándo una determinada oración tipo ley permite una reducción del número de oraciones independientes de K (Friedman, 74, pp. 15)

¿De qué manera podemos definir explicación en términos de la verdad? Si S es un candidato para explicar una S en K, queremos saber si S permite una reducción en el número de enunciados independientes. Friedman piensa que el grupo relevante que queremos que S reduzca, es el grupo y consecuencias de S independientemente aceptables. Por ejemplo, las leyes de Newton son buenos candidatos para explicar la ley Boyle, digamos, porque las leyes de Newton reducen el grupo de sus consecuencias independientemente aceptables –el grupo que contiene a la ley de Boyle, la ley de Graham, etc. Por otro lado, la conjunción de la ley de Boyle y la ley de Graham no es un buen candidato porque no reduce el grupo de sus consecuencias independientemente aceptables (Friedman, 1974, 16). Por lo tanto, la única forma de reducción de la explicación se da únicamente en aquellas teorías susceptibles a unificarse por medio de la coherencia que tienen sus enunciados entre sí, los cuales deben ser verdaderos por correspondencia y verdaderos vía deductiva.

La línea dos es más parecida a la visión pragmática de la explicación. El grupo de argumentos que la ciencia suministra para la adaptación en actos de la explicación, según Kitcher (1981, pp. 521), modificará nuestras creencias. Por consiguiente, el analysandum apropiado es la noción de que el almacén de argumentos es relativo al grupo de oraciones aceptadas. Supongamos que, al momento en la historia de la averiguación que nos interesa, el grupo de oraciones aceptadas es K. Kitcher asume que, por la seguridad de la simplicidad, K es consistente. Si nuestras creencias fueran inconsistentes, entonces es más apropiado considerar K como alguna versión compacta de nuestras creencias probablemente verdaderas a la luz de nuestros conocimientos actuales.

7. Modelo de la inferencia a la mejor explicación

El modelo de la inferencia a la mejor explicación (IBE) sostiene que las inferencias abductivas es el medio para explicar algún tipo de evento o evidencia a partir de una hipótesis, dentro de un grupo mayor de hipótesis, e infiere que esta es verdadera. El esquema es el siguiente:

{H1, H2, H3,…, HN}

_E___________________

 H3      Explica mejor a E

Todo este conjunto de hipótesis de la primera línea explican un evento E, es decir, son hipótesis alternativas que explican a E, y dentro de estas hipótesis elegimos a aquella que explica mejor el evento E, (H3)

 Para Harman, la expresión “basado en la inferencia” se refiere a que nuestras creencias ordinarias están basadas en razonamientos conscientes e inclusive inconscientes, y estos son usualmente correctos. Cada vez que hacemos una inferencia desde una determinada evidencia, hacemos una explicación de esa evidencia que es verdadera, si es así, (H3) debería ser verdadera. Para Harman una buena explicación es una IBE siempre y cuando la extensión de lo que la generalización ofrezca sea la mejor explicación de la evidencia, a diferencia de las demás hipótesis rivales. Un segundo principio es la condición de que los lemas de las hipótesis sean verdaderos: este postula que no podemos llegar a saber algo al inferirlo de algo falso. Los lemas son proposiciones que no necesitan ser incluidas en la premisa principal; se trata de una conclusión provisional que sirve para que los posteriores argumentos alcancen un grado más alto de generalidad. Nuestras creencias pueden estar basadas en diversas inferencias, sin embargo, solamente necesitamos una de ellas para satisfacer la condición de que los lemas son verdaderos.

Al igual que Peirce, Lipton reconoce la existencia de un banco de creencias previas de las cuales podemos inferir algún tipo de explicación de un fenómeno. Una postura simple sería aquella que explica el fenómeno en torno a inferencias anteriores, sin embargo, el asunto dejaría de ser tan simple si en nuestro banco de creencias no encontramos la explicación que buscamos. Si este es el caso, como cuando los científicos tratan de resolver los ejemplares en periodos de ciencia normal, podemos buscar una inferencia justificada que explique el fenómeno mediante un proceso que requiera también de una mayor observación aunque esta tenga que ser probablemente verdadera. La relación que se da entre la inferencia y la explicación dentro de un contexto en el cual no hay una inferencia anterior de la cual podamos sujetar nuestras explicaciones, implica que, al enfocar nuestras investigaciones, el requerimiento más básico de una explicación es que la información explicativa sea correcta aunque no categóricamente verdadera.

La relación entre la IBE y la noción de verdad esta dada únicamente por dos de las teorías de la verdad. Parece que la más obvia es la teoría pragmática. El primer punto que hay que destacar es que tanto para Peirce, como para Lipton, la verdad existe, simplemente no podemos acceder de una manera contundente a ella, más bien se trata de un proceso de prueba y error en el cual la IBE nos puede conducir a ella de manera lenta. Es pragmática porque sostiene que nuestro banco de creencias da cuenta de eventos que comúnmente trabajamos y que son intuitivos, además de que son probablemente verdaderos. El caso de Harman es más complicado ya que aparentemente está a favor de la verdad como coherencia, sin embargo, esto no deja de ser un ideal epistémico. El segundo vínculo con la noción de verdad es con el de correspondencia ya que los tres autores, implícitamente, apelan a que nuestras creencias deberían corresponder con los hechos, de tal manera que se puedan conocer de forma definitiva como verdaderas.

Bibliografía

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Glanzberg, Michael.

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Haack, Susan,

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Harman, Gilbert

1968 Knowledge, Inference, and Explanation. American Philosophical Quarterly, Vol. 5, No. 3, pp. 164-173 Published by: University of Illinois Press on behalf of North American Philosophical Publications

Hempel, Carl G., Paul Oppenheim

1948 Studies in the Logic of Explanation Philosophy of Science, Vol. 15, No. 2,  pp. 135-175.  Published by: The University of Chicago Press on behalf of the Philosophy of Science Association. Kitcher, Philip

1976 Explanation, Conjunction, and Unification. The Journal of Philosophy, Vol. 73, No. 8, pp. 207-212 Published by: Journal of Philosophy, Inc.

1981 Explanatory Unification. Philosophy of Science, Vol. 48, No. 4, pp. 507-531 Published by: The University of Chicago Press on behalf of the Philosophy of Science Association

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1987 Van Fraassen on Explanation. The Journal of Philosophy, Vol. 84, No. 6, pp. 315-330. Published by: Journal of Philosophy, Inc.

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1910a, “The monistic theory of truth”, in Philosophical Essays, London: George Allen and Unwin, 131-146.


[1] Recordemos que para Descartes una idea clara es aquella que es captada de manera que se le reconoce del resto de las ideas por la cualidad de no poder ser confundida bajo ninguna circunstancia: una idea clara es en si misma distinta a las demás. Oponiéndose a las secuelas cartesianas de su época, Peirce menciona que una idea clara difícilmente merece el calificativo de claridad de aprehensión ya que se trata de un sentimiento subjetivo que es confundido con la idea de que la claridad es una cualidad objetiva de las ideas. De la misma manera, la idea a priori de la distintividad es concebida por el cartesianismo como una cualidad de las ideas claras: “al ver que hombres que parecían ser completamente claros y positivos mantenían, con todo, opiniones contrapuestas en relación a principios fundamentales, cuando se vio [Descartes] obligado a afirmar que la claridad de ideas no bastaba, sino que éstas necesitaban ser también distintas, es decir, no tener nada que no estuviese claro sobre las mismas. Lo que probablemente quería decir con ello (ya que no se explicó con precisión) es que las ideas tenían que superar la prueba del examen dialéctico; que, ellas, no sólo tienen que parecer claras de partida, sino que la discusión no ha de poder alumbrar puntos de oscuridad en relación a las mismas.”(CP 5.388)

[2] Estrictamente hablando, esta es una de las dos posturas que emergen de la discusión de Achinstein, y que él considera como igualmente satisfactoria. Como Achinstein insiste en señalar, cualquiera de estas dos tesis ontológicas pueden ser desarrolladas para capturar la idea central del modelo N-D


[i] PHENOMENA = fenómenos. Yo lo he estado utilizando de manera indistinta, pero cuando en la traducción aparezca ‘phenomena’ o ‘fenómenos’, significa que me estoy refiriendo al mismo concepto. Freeman

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